sábado, 16 de mayo de 2015

ARGUMENTOS

Comienza el entrenamiento.

El director técnico explica el ejercicio a realizar, lo muestra en cancha y les pide a sus jugadores que comiencen a reproducirlo.

Pasados unos minutos, el entrenador hace sonar su silbato y dice: “muchachos, ¿nadie me va a preguntar por qué carajo estamos haciendo esto?”. Nadie le contestó. “Tienen que preguntar, muchachos, hablen, reflexionen, hagan que yo tenga que argumentar los trabajos que hacemos. No sean maquinas. Cada cosa que practicamos tiene una razón: pregúntenla, convénzanse de que lo que están haciendo sirve para algo, que no es un capricho mío”.

Quien escribe era uno de los jugadores de ese entrenador, que intentaba enseñarnos a jugar al básquet, pero yo creo que, quizás sin darse cuenta, nos estaba enseñando mucho más que eso. Nos enseñaba que si uno es disciplinado puede llegar lejos, pero si a la disciplina le agrega reflexión el convencimiento será mayor y los pasos a seguir podrán darse sin titubeos, con determinación.

Todo el tiempo estamos decidiendo, eligiendo entre varias alternativas, seleccionando un camino a seguir.

Esas decisiones pueden estar sustentadas en argumentos sólidos o ser simplemente producto de un capricho, un prejuicio o algún impulso que no manejamos (o si, y no nos interesa modificarlo).

Definitivamente, desde aquí, vamos a darle una mayor valoración a quienes argumenten sus decisiones que a los que no lo hagan. Y esto es absolutamente independiente de la posibilidad de coincidir o no con la decisión o los argumentos: no se trata de que todos pensemos igual, se trata de construir un debate que nos enriquezca, más allá de cada postura.

Hace unos pocos días, fui a dar con una entrevista que le realizó el periodista Mariano Closs al nuevo entrenador de Estudiantes de La Plata, Gabriel Milito. Luego de la eliminación del martes pasado de la Copa Libertadores, decíamos que nos quedaba un sinsabor y la sensación de que el equipo pudo haber hecho alguna otra cosa mejor de la que hizo. Desde aquí, dijimos que no compartimos el planteo táctico y estratégico del entrenador y, además, que nos había asombrado el plan elegido. Para sorpresa (muy grata por cierto) la entrevista echó un manto de claridad al tema: se trató de una charla puramente de fútbol, pero de fútbol en serio, no de zonceras o nimiedades. Una entrevista donde se plantearon cuestiones tácticas y estratégicas, donde Milito expuso los argumentos que lo llevaron a decidir por esas formas y no otras. Veamos.

Es justo decir que las intervenciones de Closs fueron oportunas y claras: el periodista expuso 3 cuestiones muy puntuales que fueron abordadas por Milito.

El primer punto fue la posición de Sánchez Miño: el periodista expone que, desde su punto de vista, el ex Torino se desenvuelve mejor por izquierda que por derecha. Este tema lo hemos abordado en este espacio y coincidimos con Closs. A este planteo, Milito contestó que el equipo juega con un medio centro y dos interiores: Sánchez Miño comienza por derecha pero con la idea de “pisar para adentro” y jugar de frente al arco y por el centro del campo. Es cierto que esta posición de Sánchez Miño, no es la misma que cuando el equipo tenía una línea de cuatro medios: allí Miño se ubicaba bastante más cerca de la línea, atentando contra un posible centro por una cuestión lógica de perfil. Conclusión: para Milito, Sánchez Miño, es más peligroso por el centro que por banda izquierda.

La segunda cuestión planteada por el relator, fue la convivencia de dos medios con características más defensivas, como son Damonte y Gil. Milito argumenta: “en la ida jugamos con ellos y el primer tiempo fue muy bueno”. Lo que esgrime el entrenador es cierto y hasta podríamos agregar que Gil posee características de mediocampista mixto, porque tiene recuperación y un pase aceptable, pero no sería muy descabellado pensarlo como mediocentro. No es una decisión que podamos calificar como sorpresiva, mas si debemos decir que Gil, creemos, puede ser mediocentro de recuperación.

La entrevista vira hacia un plano más general, se empieza a hablar de cuestiones más generales, de base, ya no de nombres propios. Y aquí debemos realizar una clara separación que se desprende de lo vertido por Milito: una cosa es la idea base del entrenador y otra muy distinta lo que propuso el martes pasado. Lo realmente enriquecedor, es que Milito explica los motivos por los cuales cambió (brillante palabra) cuestiones estructurales de su idea madre para el partido contra los colombianos.

La idea madre del entrenador.

“Nos encanta la presión alta: SOMOS ESO” “Presión ordenada e intensa”  “Hacer valer la zona de gestación” “Nos gusta mucho el 4 3 3”.

No hace falta entrar en mayores interpretaciones: las declaraciones de Milito son suficientemente claras como para que nos demos cuenta desde donde parte. Cuatro defensores, un mediocentro, dos interiores, dos extremos y un centrodelantero. Ese es el dibujo base, la táctica. La estrategia tiene que ver con esa palabra tan utilizada por el entrenador: presión (alta, ordenada e intensa). Tratar de recuperar la pelota lo antes posible y lo lejos del área propia para que, una vez recuperada, se construya un ataque que genere superioridad numérica entre líneas a partir de pases filtrados, de la tenencia entendida como herramienta para atacar, no para el tiki taka.

Ahora, quien vió el partido del martes se podrá dar cuenta que lejos estuvo el equipo de plasmar esa idea madre del dt. Entonces, las preguntas que surgen son varias: ¿Por qué se planteó una línea de 5 defensores, tres medios y dos puntas? ¿Por qué la estrategia fue defender cerca del arco propio para recuperar y salir de contragolpe? ¿Por qué Cerutti en el banco? Milito argumenta.

El partido en Bogotá

Aquí comienza una de las mejores partes de la entrevista.

El entrenador explica detalladamente las razones por las cuales se decidió por esas formas, dejando de lado sustancialmente su esquema predilecto. Y entre las razones encontramos un análisis de los recursos propios, los recursos ajenos y el contexto (bastante parecido a lo que nos gusta a los de por acá).

Independiente Santa Fe de Bogotá presentaría una disposición táctica con cuatros defensores (dos laterales con tendencia a proyectarse continuamente), un mediocentro de buen primer pase, dos interiores, un mediocampista de creación (el viejo enganche, que en este caso era Omar Pérez) y dos delanteros más cerca del centro del campo (cerrados) que de las bandas, con la firme intención de jugar mano a mano contra los centrales rivales. Con el resultado en contra y la condición de local, Costas no tenía muchas opciones estratégicas: laterales adelantados, mediocentro con pase vertical, gestación de Pérez y Roa, los dos delanteros fijando a los centrales lo más cerca de Hilario posible.

Gabriel Milito tomó nota de ello, analizó los recursos y las necesidades del rival, y consideró la posibilidad de sostener su esquema madre, pero con algunas modificaciones: cuando el rival juega con un rombo en el centro del campo, una solución posible es que un interior tome al mediocentro rival para cortar ese pase y que el mediocampista rival que se ubique por esa zona (la del interior que se fue con el mediocentro) sea tomado por el lateral de esa banda, bajando el lateral opuesto a formar una línea de 3 defensores. Es decir el 4 3 3 mutaría a un 3 3 1 3, con los 3 delanteros obligando a que el rival mantenga a los 4 defensores.

Si Milito tenía una solución a la disposición táctica del rival, partiendo de su esquema madre ¿Por qué no la utilizó? La respuesta es simple: análisis de debilidades y fortalezas propias.

El debut de Gabriel Milito como entrenador de Estudiantes de La Plata se produjo el 21 de abril de 2015, es decir, hace exactamente 25 días y, desde allí, ha dirigido 5 partidos (un partido cada 5 días).
“Para sostener un ritmo alto, una presión alta con orden e intensidad necesitamos crear un hábito y eso lleva tiempo de trabajo” Tiempo es lo que menos ha tenido, Milito, seamos justos: 5 partidos restan 5 días de trabajo, más otros 5 días que son los posteriores al partido en donde los trabajos son de relajación y reacondicionamiento, mas algún que otro día libre para que los jugadores se reencuentren con sus afectos, nos da unos 10 a 12 días de trabajo de campo. Y esto no pretende ser una defensa al entrenador, solo buscamos poner sobre la mesa la veracidad del argumento.

Una segunda razón que expone Milito, por la cual se planteó de determinada manera el partido, es la altura sobre el nivel del mar por sobre la cual se ubica la ciudad colombiana de Bogotá. Evidentemente esta situación afecta el rendimiento físico y mental de los futbolistas, no es un mito o una excusa (por lo menos no siempre). Los jugadores se agotan más rápido, la pelota circula de otra manera y, adicionalmente, enfrente, hay un rival que sí sabe manejar esa situación. Es decir, encontramos un análisis del contexto que también influyó en la decisión del entrenador.

El siguiente elemento valorativo no fue expuesto por Milito, pero me atrevería a decir que es un atenuante por el cual se potencian los dos anteriores: la condición física del plantel no es la deseable. Es decir, tenemos una idea que necesita trabajo, un partido en la altura y jugadores mal preparados físicamente.

El resultado fue un elemento que también tuvo en cuenta Milito a la hora de elegir las formas y aquí es donde no compartimos la argumentación. Ya se dijo anteriormente que la competición le otorga una excesiva valoración a los goles convertidos en condición de visitante. Estudiantes de La Plata fue a Bogotá con una diferencia mínima, que ni siquiera era de un gol con el partido cero a cero, ya que una anotación del rival lo dejaba afuera. Para que la diferencia conseguida de local se plasme en el resultado, Estudiantes debía hacer un gol. Lejos, muy lejos estuvo de eso. El entrenador le concedió una ponderación excesiva a una diferencia irrisoria.

Entonces ¿Cuál fue el plan de Milito?

“Cortar los circuitos de juego de ellos” “Incorporar un central mas para controlar mejor a los delanteros y que no jueguen mano a mano con nuestros centrales” “No asumir riesgos por el resultado y por la altura” “Que pase el tiempo, el rival se desespere y en el segundo tiempo meter a Cerutti fresco para aprovechar espacios” “Que Auzqui vaya encima del mediocentro, emparejar a nuestros laterales con los laterales rivales, Damonte sobre Perez, nuestros interiores sobre los medios de ellos, Desabato y Domínguez fijando a los delanteros y Jara Libre”.

Pero el plan no se ejecutó correctamente. Y Milito lo reconoce, haciendo más hincapié en la faz ofensiva que en la defensiva: “En la fase defensiva, el primer tiempo lo controlamos, pero no tuvimos juego asociado, hubo mala circulación”. Y aquí Closs realiza una gran intervención mencionando los rendimientos individuales, como por ejemplo, la grosería que comete Desábato en el primer gol. Lo que plantea el entrenador es correcto: el rival no inquietó hasta el error individual de Desábato, pero no estoy tan seguro que las razones de ello las encontremos en meritos propios, más bien creo que obedece a incapacidad en la gestación de los colombianos. Aquí es donde nos alejamos del pensamiento de Milito.  En cuanto al segundo tiempo, el director técnico dice: “arrancamos igual, buscamos variantes para atacar, arriesgando mano a mano atrás”. Lo cierto es que el equipo no mejoró y el final es el conocido.

La entrevista cierra con un mensaje que debemos destacar “debemos analizar lo bueno y lo malo, corregir y aprender”.

Un entrenador que analiza los recursos propios, tiene en cuenta los recursos del rival, pondera los elementos de contexto y, en consecuencia,  hasta está dispuesto a modificar sustancialmente su idea madre, el esquema táctico y la estrategia en los cuales basa su juego. Un entrenador que argumenta, más allá de no estar de acuerdo con todos los argumentos. Un entrenador que habla de futbol. Un entrenador que analiza, corrige y aprende.

Si Milito es eso como entrenador, esta de este lado del fútbol. Sin dudas.

Ahora habrá más tiempo para trabajar: los jugadores deberán mejorar su forma física e internalizar los conceptos básicos que el entrenador lleva como bandera. Lo importante es que las decisiones que se tomen partan de argumentos sólidos con vistas al único objetivo: ganar.

7 abrazos!

PD: A 47 años de la conquista de América, la llama que Don Osvaldo Zubeldia nos dejó, esta mas encendida que nunca. ¡A su salud Don Osvaldo! Gracias por enseñarnos que se puede romper con lo establecido, correr los límites desafiando a los poderosos y escribir nuestro propio destino, a fuerza de trabajo, dedicación y humildad.




miércoles, 13 de mayo de 2015

Eliminados. Aprender y levantarse.

Quedar fuera de una competición tan importante y amada siempre supone un dejo de angustia. Y esta no es la excepción: Estudiantes de La Plata perdió 2 a 0 en Bogotá y no formará parte de la próxima ronda de la Copa Libertadores de América.

La serie estaba definitivamente abierta, luego de un 2 a 1 en la ida, el equipo de Milito tenia dos estrategias bien opuestas para seguir: podía elegir el camino de la defensa cercana al arquero propio, dándole campo y pelota al rival, esperando una oportunidad de contra; podía elegir la alternativa ofensiva, presionar bien arriba, buscando el gol de visitante que le genere a los contrarios la necesidad de marcar por triplicado. En resumen, podía proponer un partido cerrado o un partido abierto.

Partidos como contra Argentinos Juniors o Banfield, en los cuales el equipo eligió replegarse cerca del arco propio, sirven como ejemplos concretos de que éste Estudiantes de La Plata, estos jugadores, no están en condiciones (físicas, técnicas, mentales, será un poco de cada) de sostener con cierta consistencia ese tipo de defensa cerrada. Para defender cerca del arquero propio es preciso contar con defensores concentrados al 100%, prestos para interceptar pases entre líneas y salir rápido de contragolpe, seguros por arriba y atentos a las rotaciones. Este equipo esta bastante lejos de todo eso: defensores lentos, errores conceptuales y técnicos, que no prevalecen en el mano a mano y, mas de una vez, erran ese tan importante primer pase, luego de una recuperación.

Quienes vienen leyendo la línea de pensamiento de este espacio, saben que desde aquí, la elección hubiera sido un partido abierto: apostar al golpe por golpe, si era necesario, a fin de conseguir uno o dos goles que dejen al rival en una situación muy incomoda, máxime teniendo en cuenta la excesiva valoración que la competencia le da al gol de visitante. Muchos pensarán que “con el resultado puesto, somos todos técnicos”. Quienes son asiduos lectores, pueden dar fe de que no estamos acomodando el discurso al resultado, porque eso sería exitismo y aquí, lejos de eso estamos.

Lo cierto es que Gabriel Milito, prejuzgademente sindicado como amante del juego de tenencia, supuestamente un menottista que descree de una defensa sin pelota y toda la sarta de cosas que escuchamos hasta ayer, eligió plantar una línea de cinco defensores, tres mediocampistas y dos delanteros. Y el punto no es la cantidad de defensores sino dónde se ubicaron y cómo defendieron: muy cerca del Hilario, despejando sin dar un primer pase limpio que permita construir una transición rápida para un posterior ataque con cierto peligro. Ahora bien, tratando de ser justos, hay que decir que en ese primer tiempo (con estrategia y táctica poco felices incluidas) el equipo no sufrió grandes zozobras hasta el gol: el rival manejaba la pelota y territorialmente se ubicaba cerca de Hilario, encontraba pases internos a las espaldas de Damonte (quien sigue acumulando partidos para el olvido), pero le faltaba ese último pase que define el destino de una jugada. Todo esto, hasta el gol: un tiro de esquina que se juega corto para mover a la defensa, que de hecho se movió, para adelante, como marcan varios libros y el empirismo histórico, con el objetivo de dejar fuera de juego a los rivales. La defensa salió, pero no en su totalidad: Leandro Desábato no acompañó el movimiento coordinado de sus compañeros y quedó estancado en el área chica, habilitando a no menos de 4 rivales.  Centro al corazón del área, el solitario y desorientado Desábato salta menos que su oponente, quien cabecea y abre un primer tiempo que estaba condenado a un empate. El error estratégico quedó expuesto por un error individual grosero que puede esperarse de un jugador inexperto no del jugador con más participaciones en esta competencia internacional. El rendimiento de Desábato no ha mejorado con el correr de los partidos y ya no podemos hablar de una cuestión transitoria, mas bien estamos en presencia de un jugador que recorre sus últimos pasos como futbolista.

Con el resultado desfavorable y la obligación de marcar un gol para pasar a cuartos de final, muchos esperábamos el ingreso de Cerutti y el cambio de dibujo y estrategia: hubiese sido un buen momento para volver al 4 3 3, y de una vez por todas jugar un partido golpe por golpe. Milito no solo no incluyó a Cerutti desde el arranque del complemento, sino que decidió mantener el esquema, pero ya no esperando atrás, sino ubicado unos metros mas adelante. La resultante fue un equipo largo, que dejo espacios a las espaldas de los medios, enfrentando mano a mano a los delanteros rivales con una zaga central lenta, muy lenta, que ni siquiera se tradujo en volumen de juego: ahora el equipo era un NI (ni atacaba correctamente, ni se replegaba como en el primer tiempo). Los ingresos de Cerutti, Vera y Acosta no modificaron la ecuación porque el equipo no sabia a que estaba jugando: acumular defensores no asegura solidez defensiva tanto como acumular delanteros no garantiza generación de situaciones de gol, mucho menos goles. El local se encontró con el gol en una de las tantas ocaciones en las que sus delanteros quedaron mano a mano con la defensa. Estudiantes de La Plata necesitaba un gol para ir a penales y estuvo cerca de lograrlo (demasiado generosa la suerte con estos muchachos): tiro desde afuera de Jara, quien debe tener un problema bastante importante para poner en su CV la posición en la que juega (una cosa, muy valorable, es ser poli funcional, otra es que te muevan para todos lados en un mismo partido: no es saludable para un jugador que lo estén moviendo contantemente de posición, menos con un equipo desorientado) y cabezazo de Carrillo. Dos ocasiones en todo el segundo tiempo (en los últimos 10 minutos) para un equipo que salió con la certeza de que debía hacer al menos un gol…suenan a bastante poco.

Siendo brutalmente sinceros, debemos decir que este plantel no estaba para mucho más que un octavos de final. Mas queda la sensación que, de no mediar errores individuales groseros, el pase a cuartos era posible. Con estrategias poco deseables y todo, el equipo podría haber pasado a la siguiente instancia, pero no mucho más. Personalmente me queda el sinsabor de no haber planteado otra cosa, al menos en el segundo tiempo, donde ya no había otra alternativa que ir a marcar un gol.

Todo es aprendizaje, y en la derrota, lo único que nos queda es eso, aprender de los errores, aunque no creo que solo se aprenda en las derrotas: en las derrotas solo se aprende, en las victorias se disfruta pero no se anula la posibilidad de aprender y mejorar (y aquí esta la gran diferencia entre resultadismo y exitismo. El resultadista que gana, analiza y, en la victoria, intenta detectar errores. El exitista gana y ya nada importa, no hay nada que mejorar porque se ganó. El resultadista trata de sostener en el tiempo la victoria y para eso la única posibilidad es mejorar, por mínimo que sea el error, e incluso contemplar otros cursos de accion).

La Comisión Directiva deberá identificar errores en el armado del plantel: tres arqueros en los cuales nadie confía ciegamente, dos centrales que promedian 35 años, otro que no brinda el salto de calidad. Evidentemente el plantel quedo corto atrás.

El cuerpo técnico saliente es el gran responsable del estado físico de los jugadores: una condición atlética muy desfavorable que atenta contra el buen desarrollo de cualquier estrategia y disposición táctica.

El nuevo cuerpo técnico, inexperimentado, tendrá el deber de revisar sus decisiones y analizar si fueron las mas acertadas. Parece tragicómico que la crítica hacia un supuesto menottista (queda demostrado que no lo es) sea que atacó poco y defendió replegado.

Los jugadores necesariamente deberán hacerse cargo de su parte, enfocarse con mayor concentración en su labor y no cometer errores groseros, como los que se han mencionado en este relato. Y creo que debemos prestar especial atención a los referentes del plantel, quienes deben dar el ejemplo con las acciones más que con las palabras. Cuando los líderes son impuestos o ubicados en esa posición por los pergaminos o la acumulación de años, ese liderazgo se ve debilitado: Verón era líder como jugador porque era el primero que llegaba a entrenar, porque corría como un pibe en cada partido; Braña era líder porque dejaba hasta la piel en cada centímetro de la cancha. Las palabras son un complemento, necesario, fundamental, pero si no tienen un correlato con las acciones, el liderazgo queda debilitado.

Es hora de dar vuelta la página, la eliminación es un hecho y lo único que queda es aprender de los errores que todos comentemos y que debemos identificar para corregir.

Es un “Hasta luego”, hermosa. Ya nos vamos a volver a encontrar. Espero que mas temprano que tarde.

7 abrazos!



miércoles, 6 de mayo de 2015

DOS CARAS

El resultado fue muy generoso con Estudiantes de La Plata. Fue victoria y eso es lo más importante. El gol de visitante adiciona dificultad a una serie complicada por sí misma, pero no nos quejemos: pudo ser haber sido peor.

El equipo de Gabriel Milito ofreció dos versiones distintas en un mismo partido: fue un equipo en el primer tiempo y otro, muy distinto, en la segunda mitad.

Intensidad, presión alta y juego directo.

El partido comenzó con un ritmo frenético y desordenado. Los primeros diez minutos mostraron un desborde de energía que fue posicionándose en niveles altos, pero sensatos. Estudiantes de La Plata era un aluvión en esos primeros minutos y, con el correr de los mismos, fue ordenándose y encontrando los espacios para quebrar el cero.

Una presión muy alta, tapando la salida del rival cerca del área contraria, y un buen achicamiento de los espacios, provocaron que el equipo tuviera un muy buen primer tiempo: Sánchez Miño era el eje de los avances; Auzqui y Aguirregaray, por derecha, Acosta y Pereira, por izquierda, aportaban desborde y profundidad. No se apreciaba una tenencia de pelota horizontal y lenta, sino que era un juego directo, vertical, con poca lateralización.

Defensivamente, no se vivieron mayores contratiempos, salvo una salida de tiro libre imprecisa de Sebastian Domínguez…solo un adelanto de lo que vendría en los segundos cuarenta y cinco. El rival no encontraba la manera de neutralizar el juego directo, por lo que pensar en un ataque punzante, para ese entonces, era una utopía colombiana.

Los goles llegaron como consecuencia de un ataque sostenido, intenso, profundo y determinante: Auzqui (de muy buen rendimiento) primero y Carrillo (otra vez, el mejor de la cancha) después, plasmaron en el resultado la diferencia notoria que se había presentado en esa primera escena.

Falencia física y fallas centrales.

Resulta algo complejo encontrarle un argumento lógico a un cambio tan radical, tan abrupto, drástico.

En el segundo tiempo, se vio un Estudiantes de La Plata totalmente opuesto al del primer tiempo.

Un equipo que ya no ejercía una presión alta ordenadamente, sin contención en el mediocampo y con serios errores en la zaga central, fueron los condimentos que generaron un desconcierto global que, generosamente, sólo devino en el descuento visitante (gracias a Navarro, la ineficacia del rival y alguna dosis de fortuna, siempre necesaria).

Ahora bien, lo verdaderamente importante es detectar las causas y encontrar soluciones a estos problemas.
La condición física aparece como una de las principales razones por las cuales el equipo no pudo sostener un ritmo como el del inicio. Si bien no podemos pretender que se mantenga una intensidad tan alta durante todo el partido, lo que se percibió fue un agotamiento muy severo, una merma física muy preocupante, que difícilmente se pueda mejorar en medio del baile. Entonces ¿Qué hacemos? Cuando el físico no da para presionar en la zona alta, el camino más recomendable parecería ser replegarse: juntar líneas para achicar espacios y defender sin pelota un poco mas cerca del área propia para que, una vez que se recupera, apostar a una tenencia mas densa, menos vertical, con mayor elaboración (Estudiantes de La Plata versión Campeón 2010): ir del juego directo a un juego con mayor lateralización en zonas medias, lejos de nuestro arco, para reducir los riesgos y buscar el momento justa para verticalizar. Alguno, con razón, me podrá decir “este equipo, las veces que defendió cerca del arquero propio, defendió mal”. Definitivamente cierto: partidos como los jugados contra Argentinos Juniors o Banfield, demuestran que hay dificultades a la hora de proponer una defensa retrasada. El desafío entonces será, por un lado, mejorar físicamente, para sostener el mayor tiempo posible la presión alta y, por el otro, cuando esto no se pueda hacer (por merma física o porque el rival prevalece) brindar una mejor defensa en la zona baja, que se retrase y se compacte de una mejor manera.

Una segunda causa, que explica el bajo rendimiento, es el bajo nivel individual de algunos futbolistas que se desempeñan en posiciones clave de la defensa. El rendimiento individual de la zaga central fue bajísimo: tanto Desábato como Domínguez mostraron lo peor de su repertorio (lentitud, falta de oportunidad para cortar avances, errores altamente riesgosos en las entregas). A estos dos jugadores, debemos sumarle un segundo tiempo para el olvido de Damonte: desorden, falta de contención en el mediocampo, decisiones equivocadas en la salida. Es cierto que tampoco fue bueno el aporte defensivo de Gil, quien no brindó demasiado apoyo en la recuperación. En ese contexto, tampoco prevalecieron los jugadores de creación: Acosta se perdió por la banda izquierda, Sánchez Miño (notoriamente cansado) dejó de gravitar por el centro y los ingresos de Jara y Vera no aportaron demasiadas soluciones. Volviendo a los tres jugadores señalados en primer término (Desabato, Domínguez y Damonte), lo realmente sorprendente es la falta de criterio en ciertas situaciones de juego, mas teniendo en cuenta que estamos hablando de jugadores experimentados, con una gran trayectoria y con pruebas de sobra de sus capacidades técnicas. Las pérdidas de pelota, en zonas altamente riesgosas, fueron un denominador común del trío, cuestión que necesariamente deberán corregir. El equipo, con el resultado a favor, necesitaba pases seguros, salidas asumiendo el menor grado de peligrosidad posible y no siempre fue así. Muchos atribuyen esto a una bajada de línea del entrenador, que, supuestamente, insiste en salir, a como de lugar, por el piso. Lo cierto es que en el primer tiempo esto no fue así: cuando se pudo salir por el piso, se hizo, pero cuando la jugada pedía una pelota larga, también se utilizó este recurso. En el segundo tiempo, con un rival lanzado a la presión alta, en la mayoría de las salidas, la mejor opción era un pase largo para la bajada de Carrillo o para alguno de los laterales (ya que Independiente bloqueaba a los centrales y el mediocentro con tres hombres, dejando tres mediocampistas con cuatro jugadores de Estudiantes disponibles –Pereira, Gil, Sánchez Miño, Aguirregaray- y cuatro defensores con nuestros tres atacantes). Pero no siempre fue así: mas de una vez se asumieron riesgos innecesarios, intentando salir desde abajo, cuando el rival estaba al acecho (de hecho, por pases mal ejecutados, se generaron gran cantidad de opciones de gol para la visita).

El poco tiempo de trabajo, desde luego que también atenta contra el rendimiento que un equipo puede ofrecer: Milito ha llegado hace muy pocos días y, seamos justos, bastante ha hecho en lo que va de su estadía en City Bell. Se identifica un cambio de actitud, mayor determinación y una evidente modificación en algunas cuestiones tácticas y estratégicas. Lo que personalmente me inquieta es escuchar ciertas declaraciones del DT como “en el segundo tiempo perdimos la pelota, no pudimos prevalecer y sostener la intensidad”…eso lo vimos todos, el tema es qué hacemos para solucionarlo. Si el DT identifica un rendimiento por debajo de lo deseable debe generar un cambio para encontrar una salida: Milito paso de un 4 3 3 a un 4 4 2 (y creo que con esa decisión intentó darle respuesta al escenario adverso), pero el equipo no acusó recibo y quedó en el medio del camino entre seguir presionando arriba (físicamente imposible) y esperar mas atrasados. Sin dudas que con tiempo de trabajo esto podrá mejorarse como algunas otras cuestiones como la marcación de la pelota detenida. El descuento colombiano llegó tras un centro de Omar Pérez: la pelota fue al corazón del área y la defensa no respondió adecuadamente, el rival entró solo por el centro, el arquero no salió a tiempo y la pelota terminó en gol. El DT reconoció que propuso una marca en zona con alguna asignación específica: el punto es que en zona,  hombre a hombre o mixta, la defensa de la pelota parada debe ser corregida.

El partido del viernes servirá para ver a algunos jugadores y comenzar a pensar en que puedan llegar a ser considerados para el equipo que jugará en la altura de Bogotá (Jara de central, Gil Romero como mediocentro, Barbona o Román Martínez como variantes para ocupar lugares como interiores).

El próximo martes, Estudiantes de La Plata se jugará el pasaje a cuartos de final de la Copa Libertadores de América. Esa Copa que no te espera, que no te da segundas oportunidades. Ahora no existe mañana, no hay revancha y el equipo lo sabe. Solo nos queda confiar en que, a fuerza de trabajo, se podrán lograr los resultados que todos esperamos.

7 abrazos!







miércoles, 22 de abril de 2015

A Octavos como sea

Pase a octavos. Victoria. Arco en cero.

Para nada despreciable, la trilogía que experimentó Gabriel Milito, el día de su debut como Director Técnico del primer equipo de Estudiantes de La Plata.

Lejos de haber deslumbrado, el equipo mostró algunas señales positivas y otras cuestiones un tanto inquietantes que durante estos días, sin competición oficial, deberán empezar a ser solucionadas por el cuerpo técnico.

Primer Tiempo: Tiki taka.

Por estos días, cuando se lo menciona a Milito, se hace casi imposible no escuchar, en la misma oración, el apellido Guardiola, y es lógico: el español ha sido uno de los grandes entrenadores que lo ha dirigido. Entonces, no seamos menos, y citemos a Pep:

 "En todos los deportes de equipo el secreto es cargar mucho un costado para hacer que el contrario bascule. Cargar mucho y atraer al contrario para que deje libre el costado débil. Y cuando hemos conseguido cargar y atraer, entonces debemos resolver con el costado opuesto. Por eso hay que pasar el balón. Sí, pero con intención. Pasarlo para cargar, para atraer u para resolver por el opuesto. Nuestro juego ha de ser eso y no el tiquitaca”. (Declaraciones de Guardiola a Marti Perarnau, autor del libro Herr Pep y dueño del sitio www.martiperarnau.com).

Posesión con sentido. No porque sí, y no siempre. Posesión, con sentido, cuando nuestro equipo esta preparado para ello. Movimientos sin la pelota, cuando nuestras mejores fortalezas se encuentran en la verticalidad y el juego directo. Pragmatismo. Defensa alta cuando estamos física, mental y técnicamente preparados para hacerlo. Defensa cerca de nuestro arco si contamos con los jugadores adecuados. Pragmatismo.

Estudiantes de La Plata ofreció una disposición táctica que no lo favoreció en el primer tiempo: una línea de cuatro defensores, con Desábato ( de bajísimo nivel, errático, lento, muy mala actuación) y Domínguez como centrales; un mediocampista “tapón” (Israel Damonte, tambien muy flojo); cuatro mediocampistas por delante del tapón (Cerutti por izquierda, Auzqui por derecha, Gil y Acosta interiores); Carrillo de nueve de área.

La visita identificó el dibujo y detectó cuales eran las falencias: libertad a los centrales y Damonte, achicamiento de los espacios de mitad de cancha hacia atrás.

Entonces, apareció el tiki taka (o tiki tiki, que es asesinado por el bidón, claro). Domínguez a Desabato, Desabato a Domínguez, Domínguez a Hilario, Hilario a Damonte, Damonte a Desabato…y así se nos fueron los primeros cuarenta y cinco minutos. Carrillo aislado, Cerutti condenado a la soledad de la banda izquierda, posición que no le sienta bien, que no le permite ser explosivo y desequilibrante, Acosta impreciso, recibiendo de espaldas al arco y errando cuanto pase intentaba. Posesión por la posesión misma. Un equipo inofensivo. No hay equipo más inofensivo que el que tiene la pelota para no atacar. Eso fue Estudiantes de La Plata el primer tiempo. El equipo local no inquietó porque se dedicó a juntar sus líneas y tratar de esperar una oportunidad para contragolpear. Ese contragolpe tampoco llegó, pero no sufrió sobresaltos defensivos.

Segundo Tiempo: de todo un poco.

Si hay algo que debemos resaltar, es que el equipo, luego de ese primer tiempo apático, cambió su actitud: los jugadores entendieron el mensaje o el técnico lo modificó, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que el equipo fue otro. Para bien y para mal.

Los avances ya no eran lentos, previsibles y con exceso de pases horizontales. Ataque mas directo, con Cerutti cerca del vértice del área, Acosta de frente al arco y una buena sociedad de Aguirregaray (el mejor del partido) con Auzqui por derecha. Pero esa decisión de ataque directo, que devino en una mayor cantidad y calidad de ocasiones de gol, desnudó los serios problemas defensivos que tiene este equipo: cada pelota perdida en el mediocampo (mayormente por imprecisiones en los pases en zonas peligrosas), dejaba a los ecuatorianos de cara a una ocasión con probabilidad de gol. El retroceso de Damonte y Gil era defectuoso y los centrales no achicaban líneas, con lo cual se ofrecía un gran espacio entre la línea media y la defensiva. Es necesario que esto se corrija de manera rápida porque si ayer no se tradujo en gol fue pura y exclusiva responsabilidad del rival: los de Guayaquil tuvieron oportunidades claras para abrir el marcador (como también las tuvo Estudiantes de La Plata) y fallaron, afortunadamente.

Teniendo en cuenta el resultado que se estaba dando en Colombia (cómoda victoria de Atlético Nacional de Medellín sobre Libertad de Paraguay), el planteo propuesto estaba mas cerca de la locura que de la racionalidad: el equipo asumía riesgos innecesarios, para esa altura de los acontecimientos; mucho mejor hubiera sido apostar por un juego ahora sí mas horizontal, con mayor tenencia, que permita encontrar a la defensa mejor parada.

Así las cosas, un pase de Acosta llega a los pies de Carrillo, que es derribado dentro del área: penal a favor y expulsión del central local. A pesar de que el penal no se convirtió en gol (Carrillo lo ejecutó al medio, levemente hacia la izquierda del arquero que estiró su mano y detuvo la pelota) el partido cambió definitivamente: Estudiantes de La Plata, lejos de sentir el golpe, siguió atacando pero con menos frenesí y mayor conciencia de que un gol en contra lo dejaba fuera de combate. El rival ya no se replegaba eficientemente y mucho menos salía de contra con la frescura de los primeros minutos de ese segundo tiempo.

Con algo más de diez minutos por jugar, Acosta captura un rebote y marca el uno a cero. Alivio. Clasificación y victoria que lo ubica a Estudiantes de La Plata en una mejor posición con respecto a lo que hubiese pasado si empataba. Ya en el final, encontrando la revancha, Carrillo convierte el segundo gol, tras una jugada que hoy es un gran tema de conversación: la jugada se inicia en el sector defensivo donde se realizan 25 pases, la pelota llega a la zona media donde se llevan a cabo 12 pases, para derivar en la zona ofensiva, en la cual, luego de 4 pases, Carrillo marca el gol. Un poco de todo, una metáfora de lo que fue el partido para Estudiantes de La Plata: tiki taka defensivo (25 pases para pasar al mediocampo), tenencia horizontal del centro hacia la izquierda en el medio, explosión en el ataque.

¿Que somos?

Pero ¿Por qué es tan conversado este gol? Porque se relaciona con la anterior entrada, con Milito, con los prejuicios y con una concepción, errada creo yo, de lo que realmente significa ser pragmático.

“Que raros se deben sentir los hinchas de Estudiantes después de ver ese gol, con tantos pases” chicanean varios periodistas, enemigos. Pero eso no es lo realmente llamativo, uno puede esperar que un enemigo tergiverse la historia y venda que Estudiantes de La Plata es, siempre y exclusivamente, pelotazos, patadas, defensa cerca del arquero propio, desprecio por el ataque. Ahora, que un propio hincha de Estudiantes se sienta incómodo porque su equipo hizo un gol…ya estamos en problemas.

Estudiantes de La Plata no es pelotazo ni pelota al pie, no es patadas ni caños, no es defensa bien arriba o sobre la línea de meta, no es defensa exclusiva ni ataque idiota: Estudiantes de La Plata es lo necesario para ganar. Y que un contra no recuerde o esconda equipos como Los Profesores, lo podemos aceptar. Que un tipo que nos odia no reconozca el juego de “Madero-Conigliaro-Veron (p)” esta dentro del libreto. Que ese tipo no mencione a “Sabella-Ponce-Trobbiani” o a “Veron-Sosa-Benitez-Fernandez” es esperable, porque no aporta a su direccionamiento, absolutamente intencional, de mostrar solo una parte (que nos enorgullece tanto como ésta). La que a ellos los ofende, la que no les gusta o juzgan de fea, indigna, vil. Yo puedo esperar que un enemigo haga eso, pero que uno que comparte tribuna conmigo lo haga, me hace ruido ¿compramos el pescado podrido que nos vendieron ellos? ¿Nos terminamos convenciendo que nosotros jugamos de una manera y ellos de otra? La Escuela de Estudiantes de La Plata no tiene una manera, tiene un objetivo (GANAR) y hará lo que tenga que hacer para lograrlo. La Escuela de Estudiantes de La Plata es pierna fuerte cuando hace falta y toque cuando lo pide el partido. Es pelotazo si defiende Shunke y pase elegante si lo hace Madero. Es marca asfixiante de Braña y gambeta de Sosa. Es pegada de Ponce y barrida de Alayes. Estudiantes es TODO lo que tenga que ser para ganar. No comentamos el error de despreciar cierta manera de jugar porque el de enfrente la tiene como SU manera (la única que, según el, DEBE practicarse). Nosotros tenemos un objetivo y mil maneras. Todas las que se nos ocurran.

Aún no puedo decir que Milito sea pragmático, porque un partido, con tan poco tiempo de conocimiento y trabajo, no es medida para ello. Pero tampoco puedo decir que no lo es: eligió una táctica y una estrategia errada en el primer tiempo, que mejoró en el segundo pero que desnudó falencias que, si no se corrigen, serán las que provoquen derrotas. Para que eso último no ocurra, lo único que tenemos es el trabajo (“La única verdad es trabajar” OZ).

El tiempo nos dirá qué entrenador tenemos sentado en el banco. Esperemos que sea de esos que eligen las formas teniendo en cuenta los recursos propios, los ajenos y el contexto, en pos del único objetivo. Ojala que sea pragmático.

Mientras tanto, nos vamos a seguir viendo con vos, hermosa y amada Copa. A octavos Estudiantes de La Plata. A Mejorar. De la forma que nos lleve a la victoria.



domingo, 19 de abril de 2015

Milito: prejuicios y palabras

La llegada de Gabriel Milito ha despertado una gran polémica. Una parte significativa de hinchas de Estudiantes de La Plata se muestran visiblemente en desacuerdo con la decisión que tomó el actual presidente, Juan Sebastián Verón, luego de despedir, de manera desprolija, a Mauricio Pellegrino.

¿En qué se basa el descontento?

El prejuicio, es una construcción que un sujeto elabora en su pensamiento dejándose llevar, en mayor medida, por especulaciones o líneas de razonamiento con poco sustento desde la racionalidad. Una percepción, a priori, de lo que pasará en el futuro, apoyada en una supuesta certeza, que no es tal.
“¿Cómo vamos a traer a un menottista? No respetamos la historia de Estudiantes de La Plata, le estamos dando la espalda a Bilardo”.

Esa sería, en términos generales, la idea central de quién no está de acuerdo con la designación de Milito. No apunta a su inexperiencia, mucho menos a su manera de trabajar porque, desde ya, ninguno por estos lares la conoce. El enojo esta conducido por el prejuicio y por un razonamiento simplista: Milito viene de Independiente, Independiente es Menotti, entonces Milito es Menottista. ¿Qué pruebas sostienen la certeza, además del razonamiento esgrimido? Una foto donde se lo vé a Milito abrazado con Menotti en una charla de Pep Guardiola en la Ciudad de Buenos Aires.

Todas las opiniones son respetables, sin dudas. Pero es importante identificar desde donde uno esta opinando. Nadie anulará la opinión de quien la emite partiendo del prejuicio, solo deberá tomarse desde ese lugar.

Que Milito tiene una conexión íntima con Independiente, nadie puede negarlo. Y que Independiente ha sido un club emparentado con el menottismo, tampoco. Pero del mismo modo, no podemos dejar de marcar que Milito ha sido dirigido en otros equipos, por otros entrenadores y aquí aparece indefectiblemente el nombre de Pep Guardiola. Quien crea que el español es menottista tiene serios problemas de interpretación. Guardiola es pragmatismo puro, sin dudas. Entonces ¿Por qué Milito debería ser menottista y no guardiolista? Tenemos los mismos elementos (subjetivos) para ubicarlo en uno o en otro lado.

Pero la génesis de este tema excede ampliamente a Milito. Este descontento se basa en la tan famosa dicotomía “Bilardo vs Menotti”, una rivalidad nacida hace ya varias décadas. Y creo que aquí, los propios hinchas de Estudiantes de La Plata somos los que no nos permitimos avanzar, dejando de lado aquel enfrentamiento.

Quien lee asiduamente este espacio, se dará cuenta que siempre se ha hablado de un espacio Zubeldiano: Zubeldía es, para quien escribe, el principio de todo, quien cambia el paradigma y rompe con la lógica de jugar para que los cinco grandes se diviertan. Zubeldia inicia el pragmatismo en el mundo del fútbol moderno: quienes hoy buscan la mejor manera para ganar, teniendo en cuenta los recursos propios, los recursos del rival y el contexto, desarrollan el pragmatismo iniciado por Osvaldo Juan Zubeldia.

Los bilardistas probablemente ya hayan dejado de leer, ojala que no. Bilardo ha sido y sigue siendo, el mayor exponente del Pragmatismo Zubeldiano, el mejor alumno de Don Osvaldo. Tal es así, que aportó una nueva táctica al mundo del fútbol: es un continuador que creó, no solo que sostuvo lo aprendido. Y eso generó la construcción del Bilardismo, quizás también porque, en esa época, había que dar aquel debate contra los defensores de las formas por sobre el fondo. Y la lucha fue encarnizada, cruel, despiadada. Y el que más lo sufrió fue Bilardo, blanco de las mayores operaciones de prensa para que ceda el lugar que había conseguido. Por todo eso, se genera el Bilardismo y es, sin dudas, una base fundamental de la continuidad del Pragmatismo Zubeldiano.

Pero los años pasaron, y cuando los años pasan hay dos opciones: continuamos dando los mismos debates o los resolvemos y damos otros. Actualmente, seguimos discutiendo “Bilardismo vs Menottismo”, y Milito es un ejemplo. Ahora, me pregunto ¿Existe el menottismo como expresión futbolística en la actualidad? Podrá existir algún entrenador que, aisladamente, desde el discurso vende menottismo (tendríamos que ver si hay una coherencia entre el discurso y la acción) pero sinceramente, creo que los bilardistas que siguen discutiendo esto pelean contra el hombre invisible. Y ahora hay otra pregunta, mucho más profunda e intima, que nos debiéramos hacer y tratar de responder ¿el Bilardismo es llevado hoy a la práctica por algún entrenador? ¿Hay alguien con la capacidad y la determinación de Bilardo para hacer lo que él? ¿O hay nuevas expresiones, sin dudas influenciadas por el Bilardismo, del Pragmatismo Zubeldiano? Personalmente, creo que nadie podrá igualar lo que hizo Bilardo: no creo que nadie pueda imponer un sistema de juego, desconocido hasta ese momento, y que sea reconocido mundialmente. Mucho menos creo que exista o existirá una persona en este mundo que supere a Zubledia: el paradigma ya fue cambiado, solo resta perfeccionarlo, hacerlo cada día mejor, que evolucione y se modernice a la luz de los tiempos que corren. Sí encontramos, y estoy seguro que seguirán apareciendo, nuevos referentes del Pragmatismo Zubeldiano: Sabella, Simeone, Mourinho, Guardiola. Todos pragmáticos. La lista es muy extensa.

Lo más lamentable del asunto, es que, detenernos en éste debate, nos priva de dar otros. Actualmente, nadie discute que hay que hacer pretemporada, que hay que estudiar al rival, perfeccionar jugadas, trabajar la pelota parada, planificar una táctica y una estrategia en base al próximo partido. Les pido que me traigan a más de 5 entrenadores que piensen que el partido depende de cómo se levantó la estrella del equipo ese día, sería un gran aporte para el museo de ciencias naturales. Entonces ¿Cuál es el debate? Las formas. La manera. Los diferentes caminos que podemos tomar para llegar al objetivo. Debatamos con tipos como Bielsa (o entrenadores que siguen ese camino), que sostiene una manera a cualquier precio, pero trabaja incansablemente para perfeccionarla. Sería un debate mucho más enriquecedor, porque estaríamos debatiendo con un laburador incansable y entonces, no perderíamos tiempo en tener que explicar porque un entrenador tiene que ver videos o entrenar doble turno.

Milito

Volvamos al tema puntual. Siendo absolutamente sincero, Milito no hubiese sido mi elección. ¿Por qué es, supuestamente, menottista? Creo que no hace falta aclarar que no, que no es por eso. No hubiese sido mi elección porque no lo conozco, no sé cómo desarrolla su trabajo ni qué opina sobre el Pragmatismo Zubeldiano. Y éste es el punto: incertidumbre. No sé si Milito es menottista, bilardista, guardiolista o militista. Todas las certezas de quienes ya se encargaron de ubicarlo en el menottismo se transforman en dudas para quien escribe. Milito es un gran interrogante.

Probablemente para quienes deciden no lo sea: no creo que Juan Sebastián Verón (quien sabe de fútbol infinitamente más que cualquiera de los que vamos a la popular) elija a un entrenador sin estar convencido de sus aptitudes (podrá equivocarse, desde ya, pero con las mejores intenciones). Entonces, solo me queda confiar en las decisiones de un presidente elegido para eso, para tomar decisiones, y que la realidad comience a mostrarme las certezas que hoy no encuentro.

Las palabras correctas

Hace no mucho tiempo, un entrenador  del futbol chileno, bielsista, que tuvo alguna posibilidad de dirigir a Estudiantes de La Plata pronunció: “Voy a cambiar el estilo bilardista”. Podrán imaginarse cuanto duró la negociación… Y aquí se abre una nueva discusión: nadie podrá quitar de la historia de Estudiantes de La Plata lo hecho por Carlos Salvador Bilardo. Y nadie es nadie. Sí se podrán elegir entrenadores pragmáticos que no sean bilardistas, porque Bilardo hay uno solo (y debemos celebrar todos los días que es nuestro). ¿Se puede ser pragmático sin ser Bilardista? Si, porque el Bilardismo es una expresión (la más desarrollada y exitosa) del Pragmatismo Zubeldiano, pero no la única.

En su primera conferencia de prensa, Gabriel Milito dijo: “Quiero hacer mi propio camino. Trabajo y dedicación no van a faltar. Además de un compromiso vital por parte de todos nosotros. Tenemos una gran ilusión. Soy un fanático de la estrategia. Si la historia de Estudiantes es eso, vamos bien”; y luego agregó “Ya empezamos a ver y analizar cosas del rival. A partir de eso veremos cómo armamos el equipo y la manera.” Por último, señaló: “Lo que más me importa en este momento es que el equipo entienda el mensaje y que sea competitivo. Para eso hay un montón de caminos y dentro de una idea hay un montón de variantes. A esa idea le iremos metiendo las variantes de acuerdo al rival y a los jugadores”.

Lo primero que debemos rescatar es que sabe qué decir y no es poca cosa, miremos a Sampaoli, sino. Luego, lo que se abre es el interrogante ¿Las palabras tendrán una correlación con las acciones? Seriamos ingenuos si nos quedáramos tranquilos escuchando estas palabras. Es una buena primera impresión, solo eso. Pero, si solo queda en palabras, no servirá de nada.

Desde aquí, solo resta esperar que el equipo salga a la cancha, escuchar a quienes asisten a los entrenamientos para ver cómo trabaja este nuevo cuerpo técnico y, a partir de ello, construir una opinión sobre Milito. Ojala que los prejuicios no se vean respaldados por argumentos reales, que hoy no tienen. Ojala que Milito sea una nueva expresión, una más, de lo que este espacio ama y defiende hasta las últimas consecuencias: Pragmatismo Zubeldiano.

7 abrazos!


martes, 14 de abril de 2015

Docente y Decente

Los finales felices no se inventaron para el fútbol. Son pocos los casos en los cuales, un entrenador deja su cargo en un momento donde la realidad de su equipo le sonríe (habrá algún caso que, lo único que hace, es actuar como aquella excepción que confirma la regla).

Muchas cosas podría decir en estos momentos: podría pasarme todo el puto post hablando de fútbol, de mi humilde opinión sobre el presente del equipo. Si, podría…pero no. No es el momento. Éstas palabras no tienen que ver con el fútbol, ni con el presente, ni  con el futuro.

Recuerdo como usted, Mauricio, llegó al club: era la segunda vez que su nombre resonaba con fuerza por las calles de mi ciudad para hacerse cargo del primer equipo. Un equipo, allá por 2013, que no era ni la sombra de lo que había sido unos años antes: últimos en la tabla de posiciones, con el descenso comenzando a ser tema de conversación.

Usted y su grupo de colaboradores, Mauricio, consiguieron que ese equipo renazca, lo levantaron del piso y le dieron una entidad.

Allí sufrió la ida de Zapata, sin dudas, una pieza fundamental. Pero en el plantel aparecieron nuevos valores. Aparecieron porque usted les dio esa posibilidad: Rulli, Jonatan Silva, Leo Jara reinventándose de lateral por derecha, Gil Romero, Correa, Guido. Y el equipo siguió elevando su nivel. Tanto que comenzó a pelear en el lote de arriba. Y otra vez las ventas (necesarias, inevitables quizás, no lo sé).Vinieron nuevos jugadores: algunos se adaptaron y otros, lamentablemente, no, pero para ese entonces, ese equipo que en 2013 estaba último, se encontraba jugando, nuevamente, una competencia internacional. En el medio, surgió una mancha que hoy día me cuesta superar por la forma en que se dio (la eliminación en Formosa por Copa Argentina). Mas es totalmente justo decir que, Estudiantes de La Plata, estuvo a la altura de las circunstancias en la Copa Sudamericana: la eliminación en manos de River comprueba que los hinchas de Estudiantes de La Plata no exigimos ganar, no Mauricio, exigimos que se agoten todas y cada una de las posibilidades para ganar, exigimos trabajo, sacrificio y reflexión para encontrar la mejor forma, la que más nos acerque a ganar. Por eso ese equipo, su equipo, estuvo a la altura de la competición, aquella vez.

Lo que va de este año no ha sido bueno, todos lo sabemos: se fue Correa, vinieron muchos jugadores con cierto nombre que aun no han colmado las expectativas (no han llegado los refuerzos necesarios, un arquero titular y un central de nivel y en plenitud, permítame la opinión, llegaron jugadores para un salto de calidad pero nos faltan piezas básicas, quisimos correr en fórmula 1 sin casco y con poca nafta), varios lesionados, un calendario apretado, una sucesión de resultados negativos. La falta de respuesta de los jugadores es evidente y la desconexión con la dirigencia también, usted mismo lo ha dicho. Seguramente hará un balance e identificará errores: yo tengo mi opinión al respecto, creo que ha tenido algunas fallas, pero no tengo ganas de que estas líneas vayan hacia esa dirección.

En la vida hay que ser Docente y Decente. Tener el valor de tener valores”…esas palabras, las oí, hace un par de años, de la boca de uno de nuestros más grandes referentes (Alejandro Sabella).

Déjeme decirle, Mauricio, que usted ha honrado el puesto que ocupó durante estos dos años. Déjeme decirle también, que me he sentido representado por sus formas y sus palabras: usted ha sido un ejemplo fiel de lo que pretendo para un director técnico de Estudiantes de La Plata. Y no hablo de futbol ¡A la mierda con el futbol! Hablo del profesionalismo y del respeto que tuvo hasta el último día, hasta hoy. Usted ha sido Docente y Decente, Mauricio.

Ojala que mi amado club, encuentre un entrenador que este a la altura del puesto que ocupará.

Ojala que usted, y su gente, puedan encontrar un club donde puedan seguir demostrando seriedad, profesionalismo y honestidad.

Gracias Mauricio, de corazón, lamentablemente este paso suyo no tuvo un campeonato, pero es una falacia absoluta eso de que “si no se gana no sirve”. Hizo mucho para ganar, con errores y virtudes, y eso, este humilde pincha, no lo olvidará.

Éxitos, esos que se merecen los buenos tipos como usted, Mauricio.


7 Abrazos!

viernes, 10 de abril de 2015

Perder, Atacar, Ganar, Defender.

Alguien dijo alguna vez que los viernes eran los mejores días de la semana. Este debe ser la excepción a toda regla.

Estudiantes de La Plata perdió, en condición de local, por Copa Libertadores, frente a Atlético Nacional de Medellín (Colombia): fue un uno a cero que complica muchísimo las aspiraciones del equipo de pasar a los octavos de final (para lograrlo deberá ganar en Guayaquil, ante un visiblemente recuperado Barcelona de esa ciudad o empatar esperando que haya un ganador entre Atlético Nacional y Libertad de Paraguay, quienes jugaran el mismo día, a la misma hora).

Pero al dolor que supone toda derrota, se le suma la desilusión, la contrariedad, la desesperanza por la manera en que el equipo de Pellegrino cayó ante el de Osorio. Y aquí, creo necesario, para el análisis, dividir el partido en dos, coincidiendo con las dos etapas que tiene todo partido de fútbol.

En el primer tiempo, Estudiantes de La Plata salió con todo: decisión, presión, empuje. Se veía un equipo mentalizado, con un libreto claro y con determinación. El DT repitió el esquema utilizado contra Racing (3 centrales –con la salvedad de que esta vez fue Shunke el hombre libre y Domínguez se ubicó por derecha-, 2 carrileros, 1 mediocentro, 2 interiores y 2 delanteros) y los jugadores respondieron: Sánchez Miño era el eje del ataque, tocaba de primera profundo; Jara acompañaba con mas ganas que claridad; Rosales y Pereira aportaban profundidad por las bandas (aunque, con el respeto que me merece, Rosales no estuvo a la altura del partido); Cerutti, siempre picante; Guido (visiblemente en inferioridad física) metido en el área, buscando el gol. En esos primeros cuarenta y cinco minutos, el equipo generó la mejores situaciones de gol del partido: Carrillo tuvo dos muy claras (una corrida en donde termina cayéndose solo y la ultima del primer tiempo, clarísima, que se va por encima del travesaño) y otras dos bastante buenas (sendos cabezazos sin la potencia necesaria). Mas no fueron solo esas cuatro ocasiones: hubo un par de situaciones adicionales que pudieron convertirse en gol, pero no se llegaron a concretar. El equipo generaba juego, era profundo y asumía el protagonismo del partido.

Sucede que el fútbol tiene dos partes: atacar y defender. Estudiantes de La Plata, en ese primer tiempo, atacó bastante bien (sin ser preciso en la puntada final, detalle no menor) y defendió mal: el rival dispuso de dos jugadas claras de gol y una fue adentro (las dos por el mismo sector, la zona interior izquierda de la defensa). Y muchos dirán “fue mala suerte”. Si para ustedes, que Gil no corte en el medio a tiempo, que Desabato salga a buscar al delantero al centro del campo, innecesaria y descoordinadamente, y que Shunke no acelere la marcha para llegar mejor parado al remate es producto de la mala suerte, el gol fue mala suerte. Permítanme disentir: uno tiene que hacer muchas cosas bien como para atribuir el desenlace del destino a la suerte (buena o mala). El día que defendamos bien y ese gol sea gol, entonces me sumaré a la explicación a partir de la suerte. Mientras haya cuestiones por corregir (horrores de concepto de jugadores con cientos de partidos en primera, por ejemplo), me permito dejar a la suerte a un costado (el desvío es la ultima escena de la obra de terror).

Con todo, ese primer tiempo terminaba con la preocupación del resultado y la esperanza de que, jugando así, era realmente probable revertirlo.

“¿Jugamos con 5 defensores? Hay que salir a ganar”

En el fútbol, en especial en el argentino, el ataque esta sobrevalorado y las razones son variadas: se supone que un equipo que ataca es un equipo mejor. Se parte de la falacia que plantea que “se juega como se vive”. El futbol no es la vida, el futbol es un juego, un deporte profesional, en este caso. Entonces, creer que se es digno porque se ataca a cualquier precio o se es honesto con supuestos valores morales y éticos porque solo miramos el arco de enfrente, despreciando de manera vil el plano defensivo, es mezclar cualquier cosa con cualquier cosa.

Durante la previa del partido, se escucho mil veces esta frase “Pellegrino, no podes poner cinco defensores: HAY QUE SALIR A GANAR”...

Sinceramente, ¿alguien piensa que Pellegrino salió a perder? El punto es que se confunde salir a ganar con salir a atacar. Y aquí, la segunda falacia “si sumas gente con vocación ofensiva vas a ganar”. No hace falta que repasemos formaciones como el Grecia que ganó la Eurocopa o cualquiera de los equipos italianos que levanto la Copa de Mundo. Y si nos venimos mucho mas para acá, hubo un equipo que salió campeón en 2010 con cinco defensores y un centrodelantero que en realidad no lo era. Lo verdaderamente importante es encontrar la mejor manera para ganar: quizá, en algún momento, poner cinco defensores nos acerca mas a ganar que ubicar a cinco delanteros. Atacar no es sinónimo de ganar. Defender no es sinónimo de falta de audacia: el punto es cómo se defiende y cómo se ataca.

Inentendiblemente para quien escribe, Pellegrino movió demasiadas piezas en el tablero. El cambio de Acosta por Rosales estuvo muy bien pensado: al equipo le faltaba ese último toque que Acosta tranquilamente podría aportarle (finalmente el chiquilín no fue LA solución. Y era algo previsible, nadie, por si solo, soluciona nada en un deporte de conjunto. No perdimos por Acosta, no ganamos porque Acosta y sus compañeros no funcionaron. ¿Quién será el próximo Acosta?). Pero ¿Por qué cambiar el esquema? ¿Por qué dejar de lado una disposición táctica que había resultado en el primer tiempo? ¿Por qué Domínguez de lateral derecho, Jara mas retrasado, Sánchez Miño por banda izquierda (lugar que ya esta demostrado que no le sienta bien), Cerutti tirado mas atrás por derecha? Solo Pellegrino lo sabe. Con dos movimientos se podría haber sostenido la línea: Jara a la derecha por Rosales, Acosta donde estaba jugando Jara. Todo lo demás, igual. No fue así.

Lo cierto es que con ese dispositivo (4-2-3-1) el equipo no generó, ni por asomo, las situaciones que ameritaba un segundo tiempo en el que perdía, de local, por Copa Libertadores. Un tiro de Sánchez Miño, otro de Carrillo, algunas aproximaciones que, por la imprecisión de los ejecutantes, no llevaron peligro al arco rival. La visita, inteligentemente, se dedicó a defender su arco, entregando pelota y terreno a Estudiantes, que no sabía que hacer con eso.

Auzqui por Gil y Román Martínez por Domínguez fueron los siguientes cambios que dispuso el entrenador: más de lo mismo. Estudiantes de La Plata acumulaba gente de mitad de cancha hacia arriba como uno acumula puntos en la tarjeta de crédito: para nada (o para canjearlo por un toallon berreta). Escaso de ideas, falto de pases punzantes, sin un plan claro. Estudiantes de La Plata no estuvo a la altura del partido, en ese segundo tiempo. Del partido, de la competición, de la historia de Estudiantes de La Plata. En frente, vaya paradoja fatal del destino que parece que se nos esta riendo a más no poder, estaba el verdolaga de Zubeldía, que defendiendo y siendo efectivo (un gol en dos llegadas) se llevo lo que importa: la victoria.

Mauricio Pellegrino insiste con mostrarse fuerte y con ganas de revertir la situación. Los jugadores no muestran signos de mejoría y, con ellos, el equipo en su conjunto. No se vislumbra un plan, un rumbo a seguir, un camino de acción claro que nos lleve a buen puerto: cuando parecía que había un esquema que podía resultar, el entrenador lo cambia; cuando se necesitaba mayor compromiso y enjundia, los jugadores se muestran apáticos, sin ni siquiera la energía para avasallar con brutalidad al rival. Algo deberá cambiar. Alguien deberá tomar decisiones para cortar con este momento y la continuidad del DT no parece ser, hasta ahora, la solución (no digo que echarlo lo sea, pero algo debe cambiar, y rápido, para que Pellegrino siga siendo el DT).

Estudiantes de La Plata se jugará la última carta en Ecuador. Si gana, pasa. Si empata, quizás, también. Tendrán que cambiar varias cosas para que el cuento termine con final feliz.

7 abrazos!







miércoles, 8 de abril de 2015

Fútbol y Psicoanálisis: Acosta y la falta

Antes de acumular palabras, siento la necesidad de pedirles disculpas, de antemano, a los psicoanalistas, por la osadía que supone el hecho de tomar algunos conceptos muy importantes que desarrollan día a día en el ejercicio de su profesión. Haremos el intento de no caer en inexactitudes graves que generen confusión.

El padre del Psicoanálisis, nos referimos a Sigmund Freud, nos presenta un concepto fundamental para la teoría psicoanalítica: la falta.

Para Freud, la falta es estructural y se relaciona con la inexistencia del instinto en los seres humanos: las personas (a diferencia de los animales) no tenemos instinto, ni ninguna otra cosa (tomémonos la licencia de llamar “cosa” al instinto) que nos programe para satisfacer nuestras necesidades.

En busca de esa pretensión por satisfacer nuestras necesidades, el sujeto se topa con el otro (que son muchos otros) y no sólo con el otro: también con su deseo que, a su vez, instaura nuestro deseo (a partir de ese otro surgen nuevas necesidades).

¿Cuándo aparece la falta? Cuando nos damos cuenta que la satisfacción nunca es completa, cuando queda un resto de  insatisfacción en el sujeto (siempre falta algo más) que, bajo la mirada freudiana, es inevitable. Pero lejos de que sea algo negativo, es esa insatisfacción inevitable la que nos motoriza, nos interroga y nos impulsa a movernos, buscar, desear, vivir. Si ya tenemos todo, si ya no hace falta mas nada ¿de que sirve vivir?

Tiempo después, Jacques Lacan, complejiza el concepto  introduciendo al objeto como causa del deseo. El sujeto imagina que ese objeto que falta lo completaría, lo haría feliz, pero cuando lo tiene cae en la cuenta de que sigue insatisfecho (o que lo completó momentáneamente, pero no es algo que perdure en el tiempo), por lo cual buscará otro objeto de deseo. Es así que, la falta, podría encontrar una solución (imaginaria, temporal) en aquello que hoy no se tiene o no se es, pero, en cuanto se tiene o se consigue ser, la falta vuelve a aparecer.

“El que no juega siempre es mejor que el que está adentro”.

Infinidad de veces hemos escuchado esta frase. Y aquí es donde encontramos el punto de contacto entre el psicoanálisis y el fútbol: el hincha es un eterno insatisfecho. La falta, como no podía ser de otra manera si somos freudianos, aparece en el ámbito futbolístico.

Actualmente, una gran cantidad de hinchas de Estudiantes de La Plata (no generalicemos y tampoco esta mal que esto ocurra, muy por el contrario, ayuda a pensar y reflexionar) le han puesto nombre y apellido a la falta: Luciano Acosta.

Con algunas apariciones (pocas, muy pocas, pero frenéticas, picantes) el ex Boca comienza a ocupar el lugar de LA solución: para muchos, LA solución al bajísimo nivel futbolístico del equipo de Mauricio Pellegrino es la inclusión, desde el arranque del partido, del pibe Acosta.

El hincha, insatisfecho por el rendimiento del equipo (y no tiene que ver con una insatisfacción desproporcionada o fuera de lugar: el rendimiento es visiblemente flojo) considera que Acosta titular es la respuesta a todas las preguntas y lo expone desde la certeza: “Acosta tiene que jugar para que el equipo juegue mejor”. En este caso es Acosta, el punto es que si no estuviera Acosta, sería otro. Y es necesario hacer la siguiente aclaración: no estamos diciendo que Acosta no deba jugar, es más, opino que merece más minutos en cancha, pero sí debemos decir que es un error creer que Acosta es LA solución. Acosta es una solución, que puede ser la mejor, tal vez, no lo sabemos, tampoco negamos que tenga cosas buenas para dar: Acosta es una solución en tanto funcione dentro de un equipo de once jugadores (no nos olvidemos que el fútbol es un deporte de conjunto). Pero, si Sánchez Miño y Jara sostienen, durante un mayor tiempo, el pasaje del segundo tiempo contra Racing que le dio mayor volumen de juego al equipo ¿Acosta seguirá siendo aclamado por la multitud? Si Pereira y Aguirregaray (o Rosales) le brindan la profundidad por banda necesaria al esquema y al equipo ¿seguiremos pensando en Acosta como LA solución?

Insisto, no estamos diciendo que Acosta no debe entrar, al contrario, estamos diciendo que puede ser una solución (pero una, no la única). Y si Acosta entra y el equipo mejora (gana) será porque el pibe contribuyó (con el aporte relativo que cada uno determine) al equipo, se ensambló a diez compañeros de una manera tal que derivó en éxito. ¿Y si no resulta? Será un ejemplo mas de que “el que esta afuera siempre es mejor”. Buscaremos a otro Acosta.

Planteado como LA solución, el pibe esta más cerca de ser un buen ejemplo de Freud que un elemento a considerar para mejorar el presente futbolístico.

7 abrazos!


domingo, 5 de abril de 2015

Decidir

El proceso de toma de decisiones conlleva un análisis exhaustivo en cuanto a los riesgos que habrá que asumir a partir de la decisión a tomar. Habrá que elegir aquel camino que ofrezca (a priori y según la mirada subjetiva del decididor) la mejor relación ganancia/pérdida.

Mauricio Pellegrino decidió cambiar. Y, al decidir cambiar, decidió asumir ciertos riesgos.

Si alguien pensaba que veríamos un cambio drástico en el rendimiento del equipo creo que no está siendo realista: en 5 días un equipo no puede pasar de la apatía absoluta a la brillantez. Si era de esperarse que se muestren algunos signos de recuperación, algún indicio de que el equipo, a partir de las decisiones del DT, empezaría a romper esa inercia negativa que lo estaba conduciendo a la autodestrucción.

Algo de eso se vió ¿Muy poco? Estamos de acuerdo: poco, pero algo, que no es nada.

El primer tiempo fue realmente de bajísimo vuelo futbolístico: ninguno de los dos equipos prevaleció, se prestaron el dominio de la pelota sin ser profundos, sin lastimar al rival. Un esperable cero a cero al cabo de la primera mitad.

El segundo tiempo fue una síntesis exacta de lo que puede llegar a producir una decisión. Estudiantes de La Plata llegó al gol gracias a la decisión del entrenador y sufrió un gol por la misma razón. 

Veamos.

¿Qué le pedíamos al equipo? Tenencia, control de los tiempo, profundidad al atacar. En el segundo tiempo, por momentos, lo tuvo: cuando Sanchez Miño y Jara elevaron su nivel y comenzaron a comandar los avances, el equipo mostró su mejor cara. Ya no eran Desabato y Shunke los que buscaban a los delanteros (con pelotazos frontales, fáciles para los centrales rivales, como había ocurrido en el primer tiempo), sino que la pelota pasaba mas por los dos medios interiores, al tiempo que Gil se hacia dueño del centro del campo (ahí hay algo a partir de lo cual se puede construir, ese primer pase a Jara o Miño debe ser obligación si se quieren generar buenos ataques). Y el gol fue la demostración mas clara de que ese camino era el correcto: pase de Shunke a Jara, el correntino supera con mucha categoría a un rival, entra al área, tira el centro. Carrillo no llega a dominar, la pelota lo supera y por detrás llega Juan Sanchez Miño: uno a cero. Mas allá de ésa jugada y de alguna mas, el equipo careció de profundidad por las bandas: Pereira bien marcado por Racing y Rosales demostrando que no es el indicado para ocupar el carril no le permitieron al equipo abrir la cancha lo suficiente como para descomprimir el área y generar peligro: allí deberá trabajar Pellegrino en lo que respecta a la ofensiva.

Pero en el futbol, es tan importante atacar como defender (si, para algunos será una novedad, pero esto es así desde que el futbol es futbol). Estudiantes de La Plata presentó una línea de tres hombres lenta. Y lo pagó. Y aquí encontramos la otra cara de la moneda. Domínguez (de pésimo partido, errático, lento) y Shunke (de los tres, el que menos potencial tiene y el más regular hoy por hoy) se chocaron y el delantero de Racing se pudo escapar en velocidad: Domínguez intentó alcanzarlo pero no estuvo ni cerca de conseguir su cometido. Hilario dio un rebote hacia al centro y Bou empató el partido. Quedo demostrado que esa línea de tres no puede continuar con esos nombres como integrantes: uno de los tres (quien quede libre preferentemente) debe tener la rapidez y el oportunismo necesario como para cubrir las espaldas de los dos que vayan a fijar a los delanteros. Pereira es el nombre que surge casi inmediatamente, el problema es quien lo reemplaza como lateral-carrilero (Orihuela inentendible y desprolijamente separado del plantel principal, Barbona lesionado y Delgado sin señales de buen nivel). Gil Romero y Damonte podrían ser variantes a probar, pero con menos probabilidad de éxito que el uruguayo.

En el balance general del partido podríamos decir que se vio una mejor actitud, una mejor ocupación de los espacios y un equipo que no terminó sufriendo el partido colgado del travesaño como contra Argentinos o Banfield (contra Boca ni eso). Las posiciones de Sanchez Miño y Jara beneficiaron a la ofensiva del equipo, pero deberán ser mas protagonistas para evitar los pelotazos desde el fondo. Los carrileros deberán llegar con mayor determinación al fondo para aportar profundidad. La aparición de Acosta (ingresó los últimos minutos) le dio una bocanada de oxigeno al equipo: ¿será momento de comenzar a considerarlo un poco más? En el aspecto defensivo habrá que mejorar esa línea de tres hombres: buscar una variante mas ágil que mejore las coberturas y sostener a Gil como dueño de ese mediocampo.

El jueves Estudiantes de La Plata se juega la clasificación a la siguiente fase de la Copa Libertadores de América. Y la copa no te espera. La copa es hoy. Estudiantes de La Plata no puede darse el lujo de regalar prestigio: las partes deben unirse si es que no están lo suficientemente unidas y generar que el todo sea mucho más importante que la suma de las partes. De eso se trata un equipo: el nosotros por encima del yo.


7 abrazos!

viernes, 3 de abril de 2015

¿Alcanzará?

Cuando Mauricio Pellegrino asumió la dirección técnica de Estudiantes de La Plata trajo consigo unas cuantas cosas.

Por ese entonces, 5 de abril de 2013, Estudiantes de La Plata compartía el último lugar de la tabla de posiciones con San Martin de San Juan, producto de cosechar 3 puntos sobre 21 posibles.
Pellegrino traía nuevos aires, esperanza de un futuro mejor, un colaborador importado de España, algunos otros más conocidos, un esquema y una estrategia.

Al hablar de esquema nos referimos a la disposición de los jugadores dentro del campo. En este caso 4 defensores, 2 mediocentros, 3 mediocampistas por delante de aquellos y un centrodelantero (lo que en España se conoce como Ariete).

La estrategia tiene que ver con las formas: ¿Cómo vamos a ganar el partido, teniendo en cuenta el esquema, las características de los jugadores propios, de los rivales y algunas otras variables del contexto? Lo que se podría simplificar como “idea”. Recordemos: Pellegrino venía de ser entrenador del Valencia de España y, anteriormente, ayudante de campo en el Liverpool de Inglaterra. Sería poco atinado pensar que no traería ese tipo de ideas para La Plata. Menos tenencia, mayor juego directo, juego agresivo por las bandas, verticalidad y presión.

El caso es que el esquema y la idea no funcionaban del todo bien: el trabajo (destacado por muchos de los que concurren diariamente a los entrenamientos) no se reflejaba en los resultados. El equipo había mejorado indudablemente, pero no terminaba de acomodarse al esquema. Aquí surge el primer cuestionamiento importante el DT “¿no se da cuenta que tiene que cambiar ese esquema europeo?”. Desde aquí, llegué a pensar que estábamos en presencia de un bielsista: obsesión por el trabajo y necedad en pos del sostenimiento de un esquema y una idea. No fue así. Pellegrino cambió y las cosas mejoraron notablemente: 4 defensores, 4 mediocampistas (dos mediocentros y dos por banda), 2 delanteros. Podríamos decir que sudamericanizó el esquema. Pero con el cambio de esquema, lógicamente, la estrategia sufrió modificaciones: se decía que el equipo estaba mejor parado, pero que no era incisivo, que trataba bien la pelota sin lastimar al rival. Eso también fue cambiando, el equipo se fue acomodando y consiguió, con el nuevo esquema, volver a ser ese equipo agresivo, vertical y con presión que siempre quiso Pellegrino. Los resultados hablan por sí solos: de ser último en la tabla de posiciones, con el promedio comenzando a ser un tema de conversación, a pelear torneos locales, competir seriamente en la Copa Sudamericana y jugar, este año, la Copa Libertadores de América. Pellegrino podrá gustar más o menos a quien lea estas palabras, mas no podemos negar que ha conseguido que el equipo evolucione.

La actualidad le presenta un nuevo desafío al cordobés: el equipo perdió el rumbo, las ideas no están claras, el esquema en jaque y  el cansancio aparece como una variable importante a tener en cuenta (para mi gusto se le da una ponderación excesiva. El calendario es el que es, no hay que perder tiempo en presentarlo como una excusa sino tratar de encontrarle la mejor solución. No hay que negar que existe y que repercute en el rendimiento, pero no debe quedar como única explicación de los malos resultados. Quizás el esquema y la estrategia utilizada no eran adecuados para este momento del calendario). Hay un evidente desgaste que se potencia por los malos resultados y, entonces, es hora de decidir. Y Pellegrino decide cambiar. Y en Estudiantes de La Plata, cambiar, es sinónimo de pragmatismo. Cambiar para mejorar. Cambiar para encontrar aquello que no tenemos hoy, aquello que perdimos o que nunca tuvimos. Cambiar para mejorar. Cambiar para ganar. Sostener un esquema o una estrategia por encima de la búsqueda por la victoria es visto como una necedad innecesaria por estos lares, no como una virtud. Acá nadie quiere morir con la suya, acá se elige vivir con la que sea necesaria. El que entiende eso, podrá ser parte de Estudiantes de La Plata.

Pellegrino decide cambiar: 3 defensores centrales (quizás no lo ideales para el esquema que vamos a contar, pero son los que tiene), 2 laterales-carrileros, 3 mediocentros (uno con mas marca que juego, otro mixto y el último con mas técnica que marca), 2 delanteros. Sin dudas, el técnico tomó nota de los últimos partidos y vió que era necesario un cambio. En este caso, de esquema. Veremos si la modificación del esquema, produce una modificación de la estrategia: uno entiende que sí, que necesariamente será así, porque no es lo mismo una dupla central conformada por Damonte y Gil que un trío en donde aparecen Gil, Jara y Sánchez Miño. No será lo mismo una defensa de 3 centrales que pueden fijar a los delanteros rivales (hoy Bou y Milito) y liberar un poco más a los carrileros, que una defensa de  cuatros jugadores. Eso se verá en la cancha. Y no solo se trata de un cambio de esquema, también cambian algunos nombres claves y algunas posiciones también muy importantes: lo dicho, un medio más balanceado, con Sánchez Miño cerrándose y evitando tener que jugar por la banda izquierda (posición que hace rato pedimos que se modifique), Jara también por el centro, en donde deberá demostrar que puede ser el mediocampista mixto que todo equipo necesita (marca más juego), Gil de único mediocampista de recuperación ( eran demasiado dos mediocentros de marca, mas teniendo en cuenta el bajo nivel de Damonte {que debería hablar menos y concentrarse en jugar más} y Gil Romero).

Ahora bien, nada de esto tiene sentido si no hay un equipo. Y un equipo es un conjunto de individualidades que, juntas, son más que la sumatoria de cada singularidad. El nosotros antes que el yo. El equipo por encima de cualquier nombre. Para que cualquier esquema y estrategia surtan efecto, es necesario el convencimiento de todos los integrantes del equipo: Comisión Directiva, Cuerpo Técnico y Jugadores. Durante esta semana se hablo mucho de la posible salida de Pellegrino, de la posibilidad de que los jugadores ya no estén alineados con el Cuerpo técnico y de una dirigencia que ya no banca al DT como antes. Declaraciones cruzadas, algunas bastante agresivas que luego se suavizaron, actitudes dentro del campo inentendibles (las expulsiones versus Boca) y rumores de conspiraciones en contra del DT (las cuales muchas no son ciertas pero negar que en el fútbol alguna vez los jugadores hicieron que un DT sea desplazado de su cargo por falta de simpatía es cuanto menos ingenuo) hacen que uno se pregunte ¿Alcanzará? ¿Será suficiente este cambio de esquema y estrategia para que este momento sea solo un mal recuerdo? ¿Podrá el DT, con esta decisión, volver a convencer a sus jugadores que éste es el camino? Los únicos que tienen esa respuesta son los jugadores, quienes deberán defender con las piernas, la cabeza y el corazón (con el pico no sirve) al DT que los elige.

Hablaron todos. Pellegrino decidió. Ahora los jugadores deberán responder dentro de la cancha.

Como siempre (por favor no perdamos nunca esto de vista) lo único que importa es que sea lo mejor para Estudiantes de La Plata.


7 abrazos!